vergüenza política


España ha vivido cuarenta años de dictadura. Cuando hay un dictador en un país significa que los poderes legislativo, ejecutivo y judicial están solamente en dos manos, pero ambas pertenecientes a la misma persona, las del dictador. Esto implicaba que los actos de corrupción, estafa y robo alrededor del entorno del dictador nunca eran condenados, ni tan siquiera podían ser difundidos en toda su extensión por los medios de comunicación, es decir, había que medir las palabras a sabiendas de los robos manifiestos que estaban teniendo lugar.

Hoy en día no vivimos en una dictadura y los mencionados poderes están separados, sin embargo, la consecuencia es igual de nefasta ya que los hechos de corrupción, estafa y robo se han elevado a la enésima potencia, siendo el exponente directamente proporcional al número de políticos y funcionarios de alto cargo existentes en el organigrama laboral de este país. La persecución y condena de las actuales estafas de nuestros políticos siguen brillando por su ausencia por lo que podríamos decir que, en lo que a delincuencia política se refiere, estamos ante una dictadura encubierta.

La causa de nuestra situación es simple, los poderes creados para combatir este tipo de hechos delictivos no son operativos a partir de cierto nivel social. La ley no es igual para todos, de hecho deja mucho que desear a partir de un cierto nivel en la pirámide social, las consecuencias de esas actuaciones delictivas para este tipo de gentuza brillan por su ausencia. Algunas veces, cara a la galería, se condena a alguno de estos mafiosos a uno o dos años de cárcel pero no se les obliga a devolver las enormes cantidades de dinero que han robado, por tanto cuando salen de la cárcel (viviendo casi como en la calle) lo hacen como nuevos millonarios.

En las últimas elecciones (las europeas) cerca de un 65% de los españoles con derecho a voto no eligió a ninguno de los dos partidos mayoritarios, es decir, los partidos mayoritarios estuvieron respaldados por una minoría, y todo ello a pesar de los cientos de horas de publicidad gratuita que reciben en los medios. Eso sí, a la hora de presumir, bien lo hacen aun cuando no tendrían motivos para hacerlo y mucho menos respaldo (el pueblo eligió y no fue a ellos, algo falla).

Nuestros últimos gobernantes han sido y son lamentables, sus medidas económicas nefastas, ineficaces y cuando no, tardías. ¿Y la oposición? más de lo mismo. Para dejar tranquilos a los votantes acérrimos, diré que unos son malos y los otros peores, tristemente no hay partido político bueno. En España para llegar a la alta política lo que se necesita es tener una preparación mínima o ni si quiera tenerla. Parece que sólo se necesita haber calentado un asiento y ser un buen cínico. Parece que sólo llegan a Ministros los mejores amigos y no los mejor preparados. Parece que en España la política es un simple teatro en el que la función es siempre la misma: engañar a los ciudadanos y apoltronarse a cobrar de por vida por un trabajo que no sólo no merecieron tener sino que además realizaron mal o no lo realizaron.

Llevamos tiempo viendo como las dos principales fuerzas políticas se ceden el testigo del poder. Cada uno hace su papel, es como si cambiaran el chip pero siempre es el mismo juego, diciendo payasadas y enredándose con estupideces personales sin solucionar nada. La historia y las pruebas objetivas, más allá de la ceguera por motivos ideológicos, conducen a cualquiera a ver la realidad: la mayoría de los políticos españoles son lamentables y sus líderes son igual de lamentables, capaces de abrazar a cualquiera de su formación, si eso supone votos en alguna provincia o comunidad, aunque esté inmerso en asuntos sucios y oscuros. Su cinismo e hipocresía son la causa de esta situación indignante y hacer oídos sordos o mirar para otro lado es alargarla innecesariamente y consentir que nos sigan engañando.

Por qué muchos españoles se empeñan en politizar la corrupción. Si miembros de un partido político destapan la corrupción de miembros de otro partido diferente, éstos son corruptos y punto. Lo penoso es que MUCHOS de los MIEMBROS de TODOS LOS PARTIDOS POLÍTICOS SON CORRUPTOS.

Desde un punto de vista totalmente objetivo he de reconocer que los votantes de izquierdas son algo más críticos que los de derechas. Cuando muchos miembros de un partido político de izquierdas roban y estafan, muchos votantes en las elecciones, aunque siguen sin votar a la derecha, dejan de votar a su partido. Sin embargo en las formaciones de derechas aunque muchos de sus integrantes roben a manos llenas, la mayoría de sus votantes les siguen siendo fieles en el voto. Esa necedad es algo que nunca entenderé. Por qué empecinarse en seguir votando a ladrones que además de no ir a la cárcel, ni siquiera desaparecen de las listas y vuelven a salir elegidos para seguir robando. Nunca le vi sentido a eso y ahora menos que nunca.

Hemos vuelto a la época feudal, aunque con algunos cambios en el feudalismo utilizado. En dicha época los terrenos eran cultivados por los siervos (gente honrada) y debían de ceder parte de sus cosechas (a veces no les quedaba ni para comer) a un noble (casi siempre corruptos). Hoy en día seguimos teniendo que pagar más de lo que ganamos para mantener a nuestros nobles (la raza política, también corrupta). Sin embargo, el concepto “terreno” ahora tiene una acepción más amplia e incluye a cualquier trabajador por cuenta ajena o propia que no pertenezca a la raza política o aledaños. Así, debemos pagar más de lo que podemos para que ellos puedan dárselo a quien estimen oportuno y además robar más de lo que les cabe en los bolsillos, nunca tienen bastante, la estafa no tiene límites. ASÍ NOS VA.